HARTAZGO DEL 11 DE FEBRERO

Nuevamente el hartazgo llega a saturar mis sentidos, pero esta vez es un hartazgo que no induce a la bronca total sino más bien a la protesta hasta, podemos decir que reivindicativa. ¿Qué reivindico demostrando mi hartazgo? Pues esta vez nada menos que algo tan esencial para el funcionamiento de la sociedad como son los servicios primarios de Salud Pública. Me refiero a la atención de la salud pública (la primaria) en su funcionamiento general y léase, en todo el país, no en una determinada comunidad. Por otra parte, sigo aplaudiendo el trabajo general de los médicos, agradecimiento entre los que se incluyen, el personal de ayuda todo, enfermería, celadores, chóferes, cocineros, limpiadores, en conjunto ese personal que durante el mayor riesgo de la pandemia dieron todo de sí y más aún por todos nosotros, los que enfermaron, los que superaron el virus, los que no pudieron hacerlo y los que no se enfermaron pero estaban temerosos de hacerlo. Fueron tiempos muy malos en los que la Salud Pública demostró ser el mayor valuarte de la sociedad, pero hubo una parte que falló y no me refiero a los profesionales sino al sistema. Precisamente esa pieza que aún hoy día sigue hartando a todos los que debemos recurrir a ella: la primaria, la primera barrera contra cualquier enfermedad o mejor dicho, la que impediría que una persona llegue a tener una enfermedad grave si funcionara adecuadamente. La atención telefónica puede haber sido necesaria para prevenir el contagio de los facultativos ¿lo logró? Yo creo que lo que hizo fue que muchos usuarios vieran empeorar sus síntomas o enfermaran por falta de atención. Y el mayor hartazgo llegaba cuando después de días de espera para acceder a una cita telefónica (si se llama al médico es porque se le necesita en el momento, no se puede prevenir con anticipación lo que dolerá o molestará en unos cuántos días) la pregunta que oíamos al otro lado de la línea era… “¿que tiene?”. Pues señor (o señora, que no quiero entrar en discusiones de género en este hartazgo), si yo supiera que tengo no estaría llamándolo a usted y si usted no puede verme, muy difícilmente pueda diagnosticarme. Y con este sistema muchos que no murieron por Covid o no enfermaron a causa del virus han visto diezmada su salud con consecuencias algunas veces graves, porque la atención primaria no ha estado a la altura del resto de la sanidad pública. Para hartarse de la burocracia ¿no lo creen ustedes? porque no lo ha estado ni está aún a la altura de las necesidades de los usuarios, cuando ya nos aseguran que la pandemia ha si no sido exterminada al menos aminorado en su morbilidad. Solicitar una cita presencial con nuestro médico de cabecera, ese que nos ha visto durante años (bueno, en mi caso también en este sentido estoy harta de cambios porque en tres años se me han asignado siete médicos diferentes, a algunos ni siquiera llegué a conocerlos presencialmente, pero ese es otro motivo de fastidio del que no voy a hablar hoy) puede llevarnos semanas. Personalmente hace ya siete días que solicité una y recién la tengo asignada para el 21 de este mes. Como ya comenté anteriormente, cuando se solicita una cita médica es porque necesitamos su atención en el momento y no podemos hacerlo previendo si enfermaremos en el plazo de esos quince, veinte o más días que van desde la solicitud a la consulta misma. Ya han pasado los momentos más difíciles de la pandemia… entonces ¿porqué mi médico en lugar de acercarse a verme me hace sentar en una silla a dos metros de su lugar detrás del escritorio y desde allí, ordenador por medio, diagnostica la mayor parte de mis posibles males, y si se debe acercar a mi lo hace como si tuviera que cuidar de un leproso? Estoy harta de que algo falle, no sé si la atención primaria, el sistema de salud primario o lo que sea, pero una sanidad que ha sido ejemplar especialmente en estos últimos dos años, fracasa en este aspecto que es muy importante para la mayor parte de una población que después de sortear una crisis sanitaria sin precedentes se encuentra conque sería más fácil encontrar un médico brujo, de esos que en las películas del oeste americano bailan alrededor del enfermo para desterrar de su cuerpo los espíritus malignos o en las primitivas tribus africanas realizaban otros rituales también peripatéticos, y ve que si lo lograra, tal vez así le resultaría más fácil sanar, que lograr hoy día un diagnóstico correcto por parte del que debería ser nuestro ángel guardián en materia de salud. Por eso cuando nos dicen que nos remitirán a un especialista, aunque sepamos que al hacerlo tendremos que esperar meses esa cita, sentimos hasta agradecimiento, al menos al entrar a un hospital tendremos la atención que en un Centro de Salud (no sé si en todos, pero en el que me ha tocado en suerte es así) no tenemos. Por eso mi hartazgo de hoy tiene nombre general, no propio: sistema de sanidad primario o, dicho de otra forma, harta de quienes deben dirigir el sistema de salud y no saben, o no quieren saber como hacerlo con eficacia. ®Graciela A. Vera Cotto

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