HARTAZGO DEL 18 DE FEBRERO

No es un hartazgo del momento, llegó a la repleción ante el diario devenir de situaciones que afectan a una población más extensa de lo que muchos almerienses piensan, y entre éstos parece que nuestros políticos, o sea quienes deben dar soluciones viales para minusválidos y siguen desconociendo o su existencia o sus necesidades, quisiera pensar que lo primero porque si es lo segundo, ya el hartazgo es de que se utilice tanto dinero público en mejoras prescindibles y se escatime en las necesarias o ignore su necesidad. Harta de que quienes planifican las estructuras por donde circula la población lo hagan sin haberse sentado nunca en una silla de ruedas o caminado sujetos a un andador. Sería buena cosa que antes de ocupar un cargo que implique planificación de carriles, aceras y edificios se instara a la persona en cuestión a pasar 24 horas, ni siquiera pido las 48 que había pensado antes, sentado en una silla de ruedas. Pero de verdad, sin levantarse cuando tropiece con un impedimento para continuar el camino. Harta de llegar al final de una acera y frente al cruce peatonal encontrarme conque no hay una bajada para minusválidos y si la hay, el desnivel sigue siendo prácticamente insalvable para quién vaya sólo, sin ayuda de terceros en su silla o sea de difícil manejo para quién ayuda, en su caso, a llevarla. Harta de una ciudad que parece concebida por arquitectos que han trabajado cabeza abajo, con aceras demasiado angostas, algunas con inclinaciones de más grados que lo normal para sostener derecha sin problemas una silla o, en el colmo de la extravagancia vial, encontrándose con un poste en medio de la acera sin que quede espacio para pasar ni a derecha ni a izquierda del mismo. Harta de rampas, supuestamente para facilitar el paso de sillas de ruedas pero, que en realidad parecen haber sido ideadas por algún experto de la NASA para el despegue de cohetes espaciales y harta de que aunque la legislación establece que debe haber acceso para minusválidos en los sitios de uso público, en muchos no lo haya o se desnaturalice esta ordenanza con burdos sustitutos a accesos válidos. ¿Alguien se ha fijado alguna vez en el sitio reservado en la mayoría de los cines para colocar las sillas de ruedas? Queda exactamente debajo mismo de la pantalla, a menos de tres metros de ésta, o sea que el sujeto que deba mirar la película desde esa posición, además de ver una pantalla totalmente distorsionada puede quedar con tortícolis crónica. ¿Y quién lo controla? Porque se cumple con la ley, el lugar destinado a este colectivo está, pero de allí a que sea útil para algo hay un trecho enorme. Tan enorme como el que el Ayuntamiento debe recorrer para que la ciudad sea un lugar accesible para este grupo de ciudadanos que para nada es pequeño, la nuestra actualmente es todo, menos una ciudad simpática con las personas con dificultad de movilidad. Y por último, estoy aburrida de preguntar sin obtener respuesta, si la súper promocionada obra del paseo y mirador del Cable Inglés, ha sido pensado también para el acceso de sillas de ruedas. Me resultaría hasta extraño que haya sido así. Señor Alcalde, señor Consejero (a quién le corresponda) ¿tienen idea de cuántas sillas de ruedas circulan o intentan circular por Almería?, ¿alguna vez sintieron curiosidad por saber cómo se hace para sortear los obstáculos que uno tras otro se levantan en el camino de quién debe ir en ellas?, ¿han revisado las obras que se hacen, algunas veces intentando dar solución, pero tan mal pensadas que casi nunca se logra ese objetivo? Hoy estoy harta de que no se reconozca las necesidades de un importante colectivo, y la verdad es que yo también me siento culpable de no haber visto estas dificultades hasta que tuve que convivir con ellas. ®Graciela A. Vera Cotto

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